La relación entre la Luna y el comportamiento del mar ha sido objeto de estudio dentro de la ciencia, que ha identificado su influencia directa en las mareas. Este fenómeno se explica a partir de la interacción gravitatoria entre la Tierra y su satélite natural, lo que provoca variaciones periódicas en el nivel del agua en las costas.
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La gravedad es una fuerza que actúa entre cuerpos con masa. En este caso, tanto la Tierra como la Luna ejercen atracción mutua. Aunque la Luna se encuentra a una distancia aproximada de 385 mil kilómetros, su efecto es perceptible en los océanos debido a la diferencia de fuerza que ejerce sobre distintas partes del planeta.
El agua de los océanos responde a esta atracción generando elevaciones en las zonas más cercanas a la Luna, lo que se conoce como marea alta. Al mismo tiempo, en el lado opuesto del planeta también se produce otra elevación, debido al movimiento del sistema Tierra-Luna. Entre estos dos puntos se registran las mareas bajas.
Otro factor que influye es la forma de la órbita lunar, que no es circular. Cuando la Luna se encuentra en su punto más cercano a la Tierra, llamado perigeo, la atracción gravitatoria aumenta y las mareas pueden alcanzar niveles más altos. En cambio, cuando se ubica en el punto más lejano, conocido como apogeo, la intensidad disminuye y las variaciones del nivel del mar son menores.
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Este proceso ocurre de manera constante y se combina con la rotación terrestre, lo que da lugar a ciclos diarios de ascenso y descenso del nivel del mar en distintas regiones del mundo.