Dormir con el ventilador encendido es una práctica común en periodos de altas temperaturas. Sin embargo, la exposición prolongada al flujo de aire puede generar efectos en el organismo, principalmente durante las horas de descanso.
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De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social, el contacto constante con corrientes de aire favorece la pérdida de humedad en garganta y fosas nasales. Esta condición puede provocar resequedad, lo que lleva al cuerpo a producir mayor cantidad de mucosidad, generando congestión y molestias al despertar.
Otro factor a considerar es la circulación de partículas en el ambiente. El movimiento del ventilador dispersa polvo, ácaros y polen acumulados en la habitación. En personas con padecimientos como rinitis alérgica o asma, la exposición continua a estos elementos puede intensificar síntomas como estornudos, tos o dificultad para respirar.
La Secretaría de Salud también ha señalado que los cambios de temperatura durante la noche pueden influir en las defensas del tracto respiratorio, lo que facilita la aparición de infecciones como irritación de garganta o resfriados.
Además, el flujo de aire directo sobre el cuerpo puede generar tensión muscular. Mantener una corriente constante en zonas específicas durante varias horas favorece la contracción involuntaria de los músculos, lo que puede derivar en rigidez en cuello, hombros o espalda al despertar.
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Para reducir estos efectos, se recomienda evitar que el aire apunte directamente al cuerpo, utilizar funciones de movimiento oscilatorio y limitar el tiempo de uso durante la noche. También es útil mantener limpio el ventilador y favorecer condiciones de humedad adecuadas en la habitación.