La depreciación del dólar registrada en 2026 ha reactivado el análisis sobre experiencias previas de coordinación internacional en materia cambiaria, particularmente los acuerdos del Plaza, firmado en 1985, y del Louvre, alcanzado en 1987. Aunque el entorno económico actual difiere del de la década de los ochenta, existen similitudes que han llevado a retomar estas referencias históricas.
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El Acuerdo del Plaza fue suscrito por los países del entonces G5 —Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental, Francia y Reino Unido— con el objetivo de provocar una depreciación ordenada del dólar. La estrategia consistió en intervenciones coordinadas en los mercados de divisas para corregir el déficit comercial estadounidense, que se había ampliado tras varios años de fortaleza del dólar.
Dos años después, el Acuerdo del Louvre respondió a un escenario distinto. El dólar había perdido más valor del previsto tras el Plaza, lo que generó preocupación por la estabilidad cambiaria. En ese contexto, las principales economías acordaron establecer rangos de referencia para limitar nuevas fluctuaciones y reducir la volatilidad en los mercados financieros.
En 2026, el dólar atraviesa una etapa de debilidad tras un periodo prolongado de fortaleza. Durante febrero, la divisa estadounidense registró descensos relevantes frente a diversas monedas, con cotizaciones cercanas a los 17.19 pesos mexicanos por dólar. Este movimiento ha coincidido con un entorno de mayor atención a la deuda pública de Estados Unidos y a decisiones de política comercial, incluyendo medidas arancelarias.
A diferencia de los años ochenta, la depreciación actual no responde a un acuerdo formal entre economías. El comportamiento del tipo de cambio se explica principalmente por factores de mercado y por políticas internas, como el manejo de la deuda y las decisiones monetarias. No obstante, algunos analistas han señalado que, si la volatilidad se intensifica y genera impactos significativos en las economías exportadoras, podría surgir la necesidad de mecanismos de coordinación similares a los del pasado.
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La experiencia histórica muestra que, en escenarios de inestabilidad prolongada, las principales economías han recurrido a marcos multilaterales para contener fluctuaciones abruptas. Aunque el contexto actual presenta diferencias estructurales, el debate sobre una eventual coordinación internacional vuelve a ocupar un espacio en el análisis financiero global.