El 17 de febrero de 2026 comienza el Año Nuevo Chino, celebración que marca el inicio del calendario lunar y que, de forma paralela, produce una reducción temporal de la actividad industrial y logística en China. Durante al menos dos semanas, y en algunos casos por más tiempo, fábricas, puertos y centros de distribución disminuyen o detienen operaciones, lo que impacta las cadenas de suministro internacionales.
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Para pymes y emprendedores que importan productos o insumos desde Asia, este periodo puede traducirse en pedidos que no se completan, incrementos en tarifas de transporte y falta de inventario disponible para la venta. La interrupción no se limita a los días festivos, ya que el traslado de trabajadores a sus lugares de origen provoca cierres escalonados previos y una reactivación gradual posterior.
China mantiene el mayor volumen de exportaciones a nivel mundial, por lo que cualquier pausa productiva genera efectos en distintos sectores. Entre las consecuencias se encuentran demoras en embarques, congestión portuaria y variaciones en los costos logísticos. Estimaciones del sector indican que el comercio marítimo global puede desacelerarse entre 15 % y 20 % durante este periodo.
En 2026, el inicio del nuevo ciclo coincide con un escenario de presión logística caracterizado por menor disponibilidad de espacios de carga y ajustes tarifarios. Para las empresas que dependen de suministros provenientes de Asia, la planificación anticipada se vuelve un factor determinante para mantener la continuidad operativa en los primeros meses del año.
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Entre las acciones recomendadas se encuentran adelantar pedidos considerando tiempos de producción y despacho, confirmar calendarios de cierre con proveedores, coordinar fechas límite de embarque con operadores logísticos, incrementar inventarios críticos y evaluar rutas o proveedores alternativos en productos de alta rotación. Estas medidas permiten reducir el impacto de la desaceleración estacional asociada al Año Nuevo Chino y mantener el flujo de abastecimiento.