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Parálisis del sueño: causas, fases del sueño y cómo reducir un episodio

La parálisis del sueño es una experiencia que ocurre en la transición entre el sueño y la vigilia. Conoce qué sucede en el cerebro durante este episodio y qué medidas pueden ayudar a disminuir su duración

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Despertar y no poder moverse, percibir sonidos o presencias y experimentar dificultad para respirar son manifestaciones asociadas con la parálisis del sueño. Este fenómeno ocurre cuando la persona recupera la conciencia antes de que el cuerpo salga del estado de inmovilidad propio de ciertas fases del descanso. Aunque durante años se le han atribuido explicaciones de carácter sobrenatural y se le conoce de forma coloquial como “se me subió el muerto”, se trata de un proceso fisiológico relacionado con el funcionamiento normal del sueño.

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Durante la noche, el organismo alterna entre dos fases principales: el sueño no REM y el sueño REM (movimiento ocular rápido). En la fase no REM disminuye la actividad cerebral y se inicia el descanso. Posteriormente, en la fase REM, el cerebro presenta mayor actividad y se producen los sueños. En esta etapa, el cuerpo entra en atonía muscular, un mecanismo que impide realizar movimientos mientras se sueña. Si la conciencia se activa antes de que termine esta atonía, puede presentarse la parálisis del sueño.

En la fase REM también se procesan experiencias emocionales del día. Además, los sueños pueden tener características similares a alucinaciones. Cuando una persona despierta de forma abrupta en esta fase, la actividad onírica puede proyectarse sobre el entorno real, lo que explica la percepción de figuras, voces o sensaciones de presencia. Al mismo tiempo, la reactivación de neurotransmisores relacionados con el estado de alerta puede generar miedo y sensación de amenaza.

La sensación de falta de aire se relaciona con la atonía muscular. Aunque los músculos voluntarios permanecen inhibidos, la respiración continúa gracias al funcionamiento automático del diafragma regulado por el sistema parasimpático. La percepción de dificultad respiratoria suele intensificarse por la ansiedad del momento.

Una estrategia útil para reducir la duración del episodio es la respiración diafragmática. Consiste en mantener la espalda recta, colocar una mano sobre el abdomen e inhalar de manera controlada, procurando expandir el estómago y sentir el movimiento bajo las costillas. Esta técnica favorece la activación del sistema parasimpático y contribuye a disminuir la respuesta de alerta.

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Entre los factores asociados con la parálisis del sueño se encuentran la falta de un horario regular de descanso, la privación de sueño y niveles elevados de estrés o carga emocional. Para reducir su frecuencia, se recomienda dormir entre siete y nueve horas diarias, establecer rutinas de descanso, incorporar actividad física y acudir con un profesional de la salud en caso de que los episodios sean recurrentes o generen afectaciones en la vida diaria.

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