Guadalajara se ha convertido en una extensión de Seúl, pero con un toque muy jalicense; en los últimos días ha sido imposible no cruzarse con cientos de aficionados coreanos que, lejos de quedarse en sus hoteles, han salido a explorar cada rincón de nuestra cultura.
La parada obligada han sido los famosos cantaritos, donde entre música de banda y el sabor del tequila se les ve brindando y disfrutando como si hubieran nacido en estas tierras.
La marea coreana también llegó a las luchas libres, con máscaras puestas y toda energía, los visitantes han sido captados gritando y apoyando a los rudos y técnicos, quedando maravillados por el colorido folclor del pancracio mexicano.
La barrera del idioma ha desaparecido ante el entusiasmo de una afición que ha sido recibida con los brazos abiertos por los tapatíos; entre cantos, bailes improvisados y fotografías con los transeúntes, los coreanos se han vuelto la atracción principal.
Aseguran sentirse como en casa por la hospitalidad de la gente de Guadalajara, quienes incluso les ayudaron a celebrar durante sus encuentros deportivos.
Con información: Florencia Moreno