En esta entrega de “Chavorruqueando”, Carlos Anaya visita un centro de boliche, recuerda buenos tiempos, y termina lanzando una inesperada apuesta al encargado del lugar, quien acepta jugar con los ojos vendados.
En esta entrega de “Chavorruqueando”, Carlos Anaya visita un centro de boliche, recuerda buenos tiempos, y termina lanzando una inesperada apuesta al encargado del lugar, quien acepta jugar con los ojos vendados.