A Abel Noyola le apasiona el cine, los videojuegos y crear mundos de ciencia ficción. A sus 26 años, su mente es un motor de creatividad constante. Sin embargo, el camino para llegar aquí no fue sencillo: diagnosticado con autismo —cerca de los 6 años, tras ser calificado erróneamente como un “niño malcriado”.
Abel ha tenido que navegar en una sociedad que a menudo prioriza las etiquetas sobre las personas.
Vencer los pronósticos médicos
La historia de Abel es también la de su familia. Su madre recuerda cómo los doctores vaticinaron un futuro limitado, asegurando que nunca entendería un chiste o podría andar en bicicleta. Ante la noticia, la consigna en casa fue clara: “Ya nos dijeron lo que no puede hacer, ahora hay que hacer que lo haga”.
Tras años de terapias de lenguaje, natación y apoyo constante en instituciones de Guadalajara, Abel transformó esos límites en herramientas de expresión a través del dibujo y la escritura.
Un llamado a la empatía real
En el marco de abril, mes de la concientización sobre el autismo, Abel lanza un mensaje contundente: busca ser visto, incluido y tratado con la misma normalidad que cualquier otra persona. Su testimonio nos recuerda que la inclusión no es solo un concepto, sino la voluntad de entender que todos sentimos de manera distinta.
Con información de Daniela Vázquez.
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