En México, la censura se ha modernizado; el arquitecto de la plaza pública más tóxica del país, Jesús Ramírez Cuevas, descubrió que es mucho más rentable usar el presupuesto público para financiar ejércitos de bots y una red de falsos youtubers independientes.
Durante sus 6 años como vocero presidencial su misión se transformó de informar a linchar y a acosar en redes a cualquier ciudadano, periodista o crítico hasta asfixiarlo y obligarlo a la autocensura.
Bajo su dirección, la censura se disfrazó de derecho de réplica, Jesús se volvió productor ejecutivo de un paredón institucional llamado ¿Quién es quién en las mentiras? donde con dinero del Estado se estigmatizaba y manipulaba a aquellos periodistas que no se mostraban de acuerdo con el gobierno.
Con él al mando de la comunicación ocurrió la mayor vulneración de seguridad contra la prensa. La filtración de los datos personales, direcciones y pasaportes de más de 300 periodistas que cubrían la presidencia.
El vocero se dedicó a exhibir los teléfonos de corresponsales internacionales, las direcciones de opositores en pantallas grandes y mucho más; no era ni fue un ejercicio de transparencia, fue una forma de terrorismo psicológico transmitidode manera en cadena nacional; vulnerabilizando a cientos de ciudadanos mexicanos.
El funcionario es considerado como el mayor censor del internet en México; no a un hacker, a un funcionario público, afirmando que mueve los hilos desde el palacio nacional.