El aspecto visual de una mascota suele ser uno de los factores que más atrae a los futuros dueños; sin embargo, detrás de ciertas características físicas llamativas se esconden realidades genéticas complejas que ponen en riesgo la salud de los animales. Este es el caso del patrón merle, una particularidad que, si no se maneja con responsabilidad, puede desencadenar consecuencias irreversibles.
Contrario a lo que muchos creen, el merle no es una raza de perro, sino un patrón de color en el pelaje. Se caracteriza por presentar manchas irregulares, donde algunas zonas del pelo lucen más claras y otras más oscuras, dando un aspecto similar al de una pintura hecha a mano.
No obstante, este patrón no se limita a la estética del pelo. Está determinado por un gen que altera la pigmentación y que también tiene la capacidad de afectar directamente el desarrollo y funcionamiento de los ojos y de los oídos de los caninos.