La Minerva volvió a convertirse en el principal punto de reunión para miles de aficionados que siguieron el partido de la Selección Mexicana. Entre banderas, disfraces, cánticos y un ambiente de fiesta, los seguidores mantuvieron la esperanza de vivir una noche histórica. Sin embargo, conforme avanzó el encuentro, la ilusión dio paso a la desilusión tras el resultado final, dejando sentimientos encontrados entre los asistentes. A pesar del desenlace, cientos de familias y grupos de amigos permanecieron en el lugar para mostrar su apoyo al equipo nacional y compartir la pasión por el futbol.
Con información de Florencia Moreno y Fátima Ramírez.
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