San Sabas Reyes fue un hombre de convicciones firmes martirizado en Tototlán en 1927, durante la persecución religiosa en México. Tras ser capturado por el Gobierno Federal en el contexto de los combates cristeros, fue torturado y atado a una columna del templo antes de ser fusilado. Recordado por su coraje, es hoy patrono de los seminaristas y de los periodistas, pues en su niñez vendía periódicos.
Su sacrificio es un legado de identidad para Jalisco, inspirando a nuevas generaciones con un testimonio de valentía, coherencia y cercanía con su pueblo.
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