En medio de la oscuridad del Holocausto, surgieron figuras que eligieron la dignidad humana frente a la muerte. Santa Edith Stein, filósofa judía convertida al cristianismo, murió en Auschwitz tras una vida de fidelidad a la conciencia. San Maximiliano Kolbe, sacerdote franciscano, ofreció su vida en el mismo campo para salvar a un padre de familia condenado. Estos mártires, junto a otros perseguidos por defender la justicia frente al nazismo, son hoy testimonios de amor radical. Su ejemplo invita a no callar ante la injusticia y a defender la paz y la fraternidad humana.
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