En Tototlán, Jalisco, se venera al Señor de la Salud, una imagen de pasta de caña de finales del siglo XVI. Aunque originalmente no tenía ese nombre, los pobladores lo rebautizaron tras implorar su protección durante la violenta epidemia de cólera en 1833. Resguardado en la Parroquia de San Agustín, el crucifijo es el centro de las fiestas de mayo, durante la Ascensión. Esta devoción no solo es un acto de fe, sino un motor social que convoca a familias completas para reforzar sus raíces a 45 minutos de Guadalajara.
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