El duelo por la pérdida de un ser querido altera de forma temporal la estructura cerebral, el sistema hormonal y el cuerpo, reveló Hugo Sánchez Castillo, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Este proceso activa circuitos de la tristeza y la memoria en el sistema límbico y la corteza prefrontal, generando un desajuste neuroquímico que puede derivar en depresión o ansiedad si no se atiende.
Frente a una pérdida, sustancias como la serotonina, dopamina y oxitocina sufren un desequilibrio drástico. Esto provoca rumiación mental y síntomas físicos reales. El especialista advierte que el impacto debilita el sistema inmunológico, altera el sueño y puede desencadenar el “síndrome del corazón roto” o miocardiopatía por estrés, una condición reversible pero potencialmente grave en adultos mayores.
Si la tristeza extrema o la incapacidad para volver a la rutina persisten entre tres y seis meses, es indispensable buscar ayuda profesional.
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