Con el termómetro en ascenso, las mascotas enfrentan un riesgo crítico: el golpe de calor. A diferencia de los humanos, perros y gatos tienen una capacidad limitada para regular su temperatura, dependiendo casi exclusivamente del jadeo y las almohadillas de sus patas. Ante esta vulnerabilidad, es vital identificar síntomas como salivación abundante, encías oscuras, debilidad o vómitos para actuar de inmediato.
La clave para evitar una emergencia veterinaria es la hidratación constante y el manejo de los paseos. Se recomienda colocar múltiples bebederos con agua fresca y evitar salidas entre las 11 y 17 horas.
Un punto crítico es el asfalto: si el pavimento quema tu mano tras cinco segundos, dañará seriamente las almohadillas de tu perro. Jamás, bajo ninguna circunstancia, se debe dejar a un animal dentro de un vehículo.
Si sospechas que tu compañero sufre un golpe de calor, llévalo a un lugar fresco y humedece sus axilas y cuello con agua fresca, nunca helada, para evitar un choque térmico. Razas braquicéfalas, como bulldogs o gatos persas, requieren vigilancia extrema. En caso de desorientación o colapso, el traslado al veterinario debe ser inmediato para garantizar su supervivencia ante la deshidratación severa.
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