Hoy la ouija suele aparecer rodeada de velas, relatos inquietantes y advertencias de no jugar con lo desconocido. Sin embargo, su origen fue mucho menos tenebroso de lo que dicta la cultura popular: nació como una “tabla parlante” en plena fiebre espiritista, cuando muchas personas buscaban respuestas, consuelo y una forma de conectar con aquello que no podían explicar.
La versión moderna de la ouija apareció a finales del siglo XIX, en Estados Unidos, en un contexto marcado por el espiritismo. Desde la década de 1840, las sesiones con médiums y los tableros parlantes se popularizaron entre familias que buscaban comunicarse con seres queridos fallecidos, especialmente después de periodos de duelo colectivo.
En 1890, la Kennard Novelty Company comenzó a comercializar un tablero con letras, números y palabras como “sí”, “no” y “adiós”. La idea era sencilla: varias personas colocaban los dedos sobre una pequeña pieza móvil, llamada planchette, y esperaban a que esta señalara letras para formar respuestas.
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¿Cómo pasó de juego de salón a símbolo de terror?
En sus primeros años, la ouija fue presentada como un entretenimiento misterioso, más cercano a una novedad de salón que a un objeto maldito. Su imagen cambió con el paso del tiempo, especialmente cuando la literatura, las leyendas urbanas y el cine de terror comenzaron a retratarla como una puerta hacia lo sobrenatural.