Científicos revelan que el bostezo no es sólo un signo de sueño, sino un mecanismo biológico esencial regulado por el hipotálamo para enfriar el cerebro ante el cansancio o el estrés, mejorando así la circulación y el estado de alerta.
Este proceso ocurre por cambios de estado corporal, como pasar del hambre a la saciedad, mediante una acción que dura entre 4 y 7 segundos. El núcleo paraventricular del hipotálamo es el encargado de controlar este reflejo vital.
Por otra parte, la imitación del bostezo se debe a las neuronas espejo y la empatía. Como dato destacado, los expertos señalan que las personas con autismo suelen ser menos susceptibles a este fenómeno de contagio social.
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