La historia de Creme Puff sigue desconcertando a la ciencia. Mientras un gato doméstico vive en promedio 14 años, esta felina texana alcanzó la insólita edad de 38 años y 3 días. Su dueño, Jake Perry, asegura que el secreto no estaba en los genes, sino en un menú que cualquier veterinario calificaría de “peligroso”.
Cada mañana, Creme Puff disfrutaba de un desayuno compuesto por huevos, tocino de pavo, brócoli y café con crema. Por si fuera poco, cada dos días recibía gotas de vino tinto para “mejorar la circulación”. Aunque expertos como el Dr. John D. Byrd advierten que la cafeína y el alcohol son altamente tóxicos para los gatos, los resultados de Perry son innegables: también fue dueño de Granpa Rexs Allen, otro minino que vivió 34 años.
Aunque la comunidad médica insiste en que estas sustancias son letales en otros contextos, el caso de Perry —donde un tercio de sus gatos superó las tres décadas— permanece como un enigma entre la suerte genética y una nutrición que, hasta hoy, nadie ha podido explicar.
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