En la memoria colectiva de México, los sismos de 1985 y 2017 son recordados como los más destructivos; sin embargo, la historia registra un terremoto de magnitudes aún mayores. El 28 de marzo de 1787, durante la época de la Nueva España, el llamado terremoto de San Sixto sacudió al territorio con una intensidad estimada de 8.6, convirtiéndose en el más potente jamás registrado en el país.
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Un sacudimiento inusual de siete minutos
El cataclismo tuvo su origen en las costas de Oaxaca debido al choque entre la placa de Cocos y la placa de Norteamérica. A diferencia de los movimientos convencionales que duran segundos, este fenómeno se prolongó por casi siete minutos continuos, generando pánico masivo y el colapso de infraestructuras coloniales a cientos de kilómetros de distancia.
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Olas gigantescas penetraron tierra adentro
¡El impacto en el mar fue igual de feroz! La ruptura tectónica desencadenó un tsunami histórico con olas que alcanzaron entre 6 y 18 metros de altura. La masa de agua penetró varios kilómetros tierra adentro en la zona costera oaxaqueña, arrasando con poblados enteros y dejando una huella geológica que hasta la fecha es estudiada por geofísicos e historiadores.
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