Redactar la lista de compras a mano puede ser más que una costumbre: esta práctica activa procesos cognitivos relacionados con la atención. Los estudios sobre memoria señalan que escribir físicamente permite involucrar al cerebro con mayor profundidad y favorece una mayor retención de la información frente al uso de pantallas. Además, acciones como tachar productos, doblar la hoja o llevarla consigo generan una experiencia tangible que las aplicaciones digitales no reproducen de la misma manera.
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¿Pero qué otros beneficios puede ofrecer esta forma tradicional de organizar las compras?
La estructura del papel ayuda a ordenar las ideas y establecer prioridades sin las distracciones de los dispositivos, lo que puede favorecer decisiones más deliberadas y disminuir las compras impulsivas. También permite realizar un recorrido más eficiente por el supermercado y optimizar el tiempo destinado a las compras.
¿Podría este sencillo hábito convertirse también en una pausa frente a la saturación digital?
La nota señala que alejarse de las pantallas permite reducir el ruido provocado por notificaciones y sugerencias constantes, mientras que anotar cada artículo ayuda a evitar olvidos y disminuye la sobrecarga de pensar en varias tareas al mismo tiempo. Los psicólogos denominan esta práctica nostalgia funcional, pues conservar un ritual tradicional puede responder a su utilidad para aportar claridad, estructura y una forma práctica de organizar las rutinas.
Con información Yael Rodríguez.
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