Imagina despertar con una presión brutal en el pecho y descubrir que estás dentro de un ataúd sellado. Esta es la crónica de un hombre declarado muerto por error. Con oxígeno limitado para apenas dos horas, luchó contra el pánico y comenzó a romper la madera con sus puños. Mientras la tierra caía sobre su rostro, cavó hacia arriba en un acto de fe desesperado.
Fue rescatado milagrosamente cuando sepultureros cercanos escucharon sus golpes. Hoy, cada vez que apaga la luz, vuelve a sentir el peso de la tierra sobre su cuerpo.
Con información de Daniel Oñate .
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