Las historias de terror y sucesos extraños que antes se transmitían de forma oral han encontrado en los medios digitales un nuevo espacio de circulación. En Japón, estas narraciones, conocidas como leyendas urbanas, reflejan cambios sociales, tecnológicos y culturales. Ejemplos como Kuchisake onna o la estación de Kisaragi muestran cómo estos relatos se adaptan a distintas épocas y plataformas.
Podría interesarte: Trend de Rhode en redes sociales: cómo recrear una sesión de fotos con IA
De acuerdo con el investigador Iikura Yoshiyuki, profesor de la Universidad Kokugakuin y especialista en literatura oral contemporánea, la historia de Kuchisake onna es una de las leyendas urbanas más difundidas en Japón. El relato describe a una mujer desconocida que se acerca a niños y les pregunta si es hermosa; al responder afirmativamente, se quita la mascarilla y muestra una boca abierta hasta las orejas.
Los primeros registros del rumor aparecieron a finales de 1978 en la prefectura de Gifu, tras el testimonio de una habitante local que aseguró haber visto a una mujer con esas características. En 1979, medios regionales documentaron la expansión del relato, que comenzó a circular entre estudiantes con variaciones cada vez más detalladas. En pocos meses, la historia se propagó por gran parte del país.
Según Iikura, uno de los factores que facilitó esta difusión fue el aumento de niños que asistían a academias después de la escuela. Estos espacios reunían a estudiantes de distintos centros, lo que permitió que los rumores trascendieran los límites de cada comunidad escolar. Además, el uso del teléfono, los periódicos y la televisión contribuyó a ampliar su alcance.
Para muchos menores, la figura de Kuchisake onna funcionó como una representación del temor hacia personas desconocidas, especialmente en un contexto donde los horarios escolares se extendían hasta la noche. Con el paso del tiempo, aunque el rumor perdió fuerza, la imagen permaneció en el imaginario colectivo y se consolidó como una referencia recurrente dentro del folklore urbano japonés.
El término “leyenda urbana” se introdujo formalmente en Japón a finales de la década de 1980, tras la traducción de estudios occidentales sobre este tipo de relatos. Estas historias suelen presentarse como sucesos cercanos, atribuidos a conocidos indirectos, y se adaptan a los entornos urbanos y a los medios disponibles en cada época.
Durante los años ochenta y principios de los noventa, las leyendas urbanas se difundieron principalmente entre jóvenes a través del boca a boca, revistas y programas de televisión. Sin embargo, tras acontecimientos de gran impacto social en 1995, este tipo de relatos perdió presencia en los medios tradicionales.
Con la llegada del siglo XXI, Internet dio paso a una segunda etapa. Foros, blogs y redes sociales se convirtieron en espacios donde estas historias no solo se compartían, sino que se construían de manera colectiva. Un ejemplo es la estación de Kisaragi, un relato iniciado en 2004 en un foro digital, presentado como una consulta en tiempo real de una persona que afirmaba haber llegado a una estación inexistente. A partir de ahí, otros usuarios continuaron la narración.
A diferencia de la transmisión oral, las leyendas digitales pueden reproducirse sin cambios o modificarse por completo mediante la edición de textos. Además, su difusión no depende del tiempo ni de la ubicación geográfica, lo que ha facilitado su adaptación en otros países. La historia de Kuchisake onna, por ejemplo, ha adoptado variantes locales en regiones como Corea del Sur, China y Taiwán.
En la actualidad, las leyendas urbanas también circulan a través de videos, análisis en plataformas digitales y contenidos participativos. Aunque su alcance puede ser amplio, Iikura señala que el consumo de estas historias suele concentrarse en comunidades específicas, debido a la segmentación de intereses en Internet.
También puedes leer:
México será testigo de dos eclipses durante 2026, estas son las fechas EXACTAS
M