Ignacio Torres Altamirano, “Nachito”, murió en 1882 debido a su pavor extremo a la oscuridad (nictofobia). Tras su entierro en el Panteón de Belén en Guadalajara, los sepultureros encontraban su ataúd fuera de la tierra cada mañana.
Ante la imposibilidad de mantenerlo enterrado, sus padres construyeron una bóveda exterior para que recibiera luz solar. Hoy, su tumba está repleta de juguetes y dulces que los fieles le llevan a cambio de favores. Dicen que por las noches se escucha a un niño correr y reír entre las lápidas, finalmente libre de su mayor temor.
Con información de Daniel Oñate .
Te puede interesar: ¡BRUTAL! Arrojó a su hijo al hocico de un cocodrilo y Florida busca máxima sentencia para el hombre