La relación entre los perros y las personas se ha desarrollado durante miles de años, lo que ha permitido a los canes adaptarse a la convivencia humana y aprender a interpretar múltiples señales emocionales. Investigaciones recientes señalan que los perros no solo responden a rutinas y órdenes, sino que también son capaces de identificar cambios en el estado emocional de sus dueños, incluido el estrés.
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De acuerdo con información del American Kennel Club, la veterinaria Zoe Parr-Cortes, doctora por la Universidad de Bristol, explica que distintos estudios confirman que los perros pueden detectar el estrés humano mediante una combinación de estímulos. Entre ellos se encuentran el tono de voz, las expresiones faciales, el lenguaje corporal y el contexto general del entorno en el que se desarrolla la interacción.
El tono de voz es uno de los indicadores más relevantes. Variaciones en la intensidad, el ritmo o la entonación pueden generar respuestas distintas en los perros. Voces calmadas suelen asociarse con conductas de acercamiento, mientras que tonos tensos o alterados pueden provocar respuestas de alerta o evitación. A esto se suma la observación constante de gestos y posturas corporales, que los perros interpretan como señales del estado emocional de la persona.
Además de las señales visuales y auditivas, el olfato desempeña un papel central. Diversas investigaciones publicadas en revistas científicas como PLOS One y Scientific Reports demostraron que los perros pueden identificar el estrés humano a través de cambios químicos presentes en el sudor y el aliento. En estos estudios, participantes fueron sometidos a situaciones de presión, como hablar en público o resolver tareas matemáticas, mientras se medían niveles de cortisol, frecuencia cardíaca y ansiedad. Posteriormente, los perros lograron distinguir las muestras asociadas al estrés sin necesidad de entrenamiento previo.
La detección del estrés no solo implica reconocimiento, sino también consecuencias en el comportamiento del perro. Cuando perciben señales asociadas a estrés, los canes pueden mostrar cambios en su forma de interactuar con el entorno, como mayor cautela ante estímulos nuevos o variaciones en su respuesta ante decisiones cotidianas. Estas reacciones reflejan que el estado emocional del dueño influye directamente en la conducta del animal.
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Por ello, mantener un entorno estable y predecible resulta relevante para la convivencia diaria. El equilibrio emocional de las personas con las que viven los perros puede incidir en su bienestar general y en la calidad de la interacción entre ambos.