El agradable aroma que acompaña a las primeras precipitaciones, denominado científicamente “petricor”, tiene una explicación química y microbiológica.
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Este fenómeno se produce por la combinación de dos factores principales: en primer lugar, un aceite que las plantas liberan y que queda retenido en el suelo seco, el cual es expulsado al aire por el impacto de las gotas de lluvia.
En segundo lugar, interviene la geosmina, una molécula orgánica producida por microorganismos presentes en el suelo, responsable directa de esa fragancia tan particular.