La capacidad de perros y gatos para anticipar la llegada de quienes viven con ellos ha sido objeto de análisis en el ámbito del comportamiento animal. Lejos de explicaciones asociadas a percepciones extraordinarias, distintos especialistas señalan que este fenómeno puede entenderse a partir del funcionamiento de los sentidos, la repetición de rutinas y la interacción cotidiana con el entorno doméstico.
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En el caso de los perros, el sentido del olfato constituye un elemento central. Diversas investigaciones indican que poseen una cantidad de receptores olfativos considerablemente mayor que la de los humanos, lo que les permite identificar y seguir rastros de olor con alta precisión. Desde esta perspectiva, algunos expertos plantean que los canes pueden estimar el momento del regreso de sus cuidadores mediante la disminución progresiva del olor presente en la vivienda, utilizando esa variación como referencia temporal dentro del espacio que habitan.
Los gatos, por su parte, muestran un papel destacado del sistema auditivo y de la memoria asociada a sonidos cotidianos. Estudios sobre comportamiento felino describen que estos animales reconocen patrones acústicos vinculados con la llegada de las personas, como el uso de llaves, pasos o ruidos característicos del entorno. Esta identificación de señales sonoras les permite anticipar eventos recurrentes dentro de la rutina diaria.
La regularidad en los horarios también influye en la conducta de espera. Investigaciones en psicología animal señalan que muchos perros responden a patrones temporales aprendidos a partir de la repetición de actividades, mientras que en gatos se ha propuesto la intervención de ritmos biológicos relacionados con ciclos de descanso y alimentación. Ambos mecanismos facilitan la adaptación a los tiempos habituales del hogar.
Además de los factores sensoriales y temporales, el vínculo entre animales y cuidadores interviene en la forma de respuesta ante el reencuentro. Algunos estudios describen que la familiaridad con posturas, olores y estados emocionales contribuye a una percepción más precisa de la presencia humana. No obstante, la evidencia científica disponible no respalda la existencia de comunicación telepática entre especies.
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En el ámbito del manejo cotidiano, especialistas en entrenamiento y bienestar animal recomiendan mantener horarios estables y favorecer transiciones tranquilas al ingresar al hogar. Estas prácticas contribuyen a reducir la activación conductual y facilitan una interacción progresiva entre mascotas y cuidadores, en concordancia con los patrones de comportamiento observados en estudios sobre convivencia doméstica.