Un análisis de la Escuela de Medicina de Harvard advierte que mantener niveles crónicamente elevados de glucosa acelera el endurecimiento de las arterias, lo que aumenta el riesgo de sufrir hipertensión e infartos.
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Además, los especialistas señalan que la resistencia a la insulina provoca daños en los vasos sanguíneos de los riñones, promueve la acumulación de grasa en el hígado, daña las fibras nerviosas causando neuropatía y eleva las probabilidades de sufrir deterioro cognitivo.














