Revisar el celular antes de dormir puede convertirse en un hábito que afecta directamente la calidad del descanso. La luz azul de las pantallas interrumpe el proceso natural con el que el organismo se prepara para dormir, ya que los ojos perciben esta iluminación artificial y envían al cerebro una señal que lo hace interpretar que todavía es de día. Como consecuencia, se detiene la producción de melatonina, hormona encargada de regular los ciclos de sueño y vigilia, lo que puede dificultar la conciliación del sueño.
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¿Pero qué ocurre cuando, además de la luz, el contenido que consumimos mantiene activo al cerebro?
La exposición a pantallas durante las horas previas al descanso puede alterar el ritmo circadiano, mientras que la estimulación visual y cognitiva mantiene al sistema nervioso en un estado de hipervigilancia. El problema tampoco se limita a la luz azul, pues interactuar con el dispositivo, deslizar la pantalla o procesar información nueva requiere un esfuerzo mental que puede retrasar el inicio del sueño y afectar las fases de descanso profundo.
¿Qué se puede hacer para recuperar una mejor rutina nocturna sin dejar por completo la tecnología?
Los especialistas en medicina del sueño citados en la publicación recomiendan establecer un “toque de queda digital” al menos una hora antes de acostarse y sustituir el uso del celular por actividades como leer un libro impreso, realizar ejercicios de respiración o escuchar un podcast relajante. También se aconseja activar el modo no molestar, cargar el teléfono lejos de la cama y utilizar un despertador tradicional, mientras que, si es necesario recurrir a pantallas, pueden considerarse gafas con bloqueo de luz azul.
Con información Yael Rodríguez.
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