Las emociones fuertes no solo afectan nuestro estado de ánimo. Cuando una persona experimenta un coraje intenso, el organismo activa una respuesta de estrés que puede provocar un aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial, además de liberar hormonas como la adrenalina.
Estos cambios normalmente son temporales y el cuerpo vuelve a la normalidad cuando pasa la situación de estrés. Sin embargo, en personas que ya tienen factores de riesgo cardiovascular, una emoción intensa puede representar un desencadenante adicional de un evento cardiaco.
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¿Un coraje realmente puede provocar un infarto?
La ciencia ha encontrado una relación entre los episodios de enojo intenso y un mayor riesgo cardiovascular. Un estudio publicado en Journal of the American Heart Association encontró que episodios breves de ira pueden afectar temporalmente la función de los vasos sanguíneos, aunque esto no significa que cualquier coraje vaya a provocar un infarto.
El riesgo puede ser mayor cuando una persona tiene hipertensión, colesterol elevado, tabaquismo, diabetes, antecedentes de enfermedad cardiovascular u otros factores de riesgo. En estos casos, un aumento repentino de la presión arterial y la demanda de oxígeno del corazón puede contribuir a desencadenar un problema.
Por eso, controlar el estrés y aprender a manejar emociones intensas también forma parte del cuidado cardiovascular. Si después de un momento de enojo aparecen dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar, sudoración excesiva, mareo o dolor que se extiende hacia el brazo, espalda, cuello o mandíbula, es importante buscar atención médica de emergencia.
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