Si eres tipo O, probablemente has escuchado que tu sangre es un “fósil viviente”. Según la creencia popular, llevas en las venas el diseño biológico de los antiguos cazadores-recolectores: un sistema diseñado para el alto rendimiento, la fuerza física y una dieta de pura proteína. En América, esta idea cobra fuerza porque el tipo O es el vínculo biológico que une a los pueblos originarios desde el Ártico hasta la Patagonia.
Suena épico, ¿verdad? Pero aquí es donde la ciencia le pone un freno a la fantasía: el famoso “linaje del cazador” es, en realidad, un mito.
El accidente genético que nos marcó
Aunque nos guste pensar que tenemos “sangre de guerreros” por una ventaja evolutiva en la caza, la realidad es mucho más extraña. La razón por la que América es el bastión mundial del tipo O no es porque este grupo sea “mejor” para sobrevivir, sino por un fenómeno llamado Efecto Fundador.
Hace miles de años, los pequeños grupos que cruzaron el Estrecho de Bering hacia América portaban, por puro azar del destino, mayoritariamente el tipo O. Al quedar aislados del resto del mundo, ese rasgo se replicó una y otra vez. No fue una elección de la naturaleza por “ser los más fuertes”, sino una lotería genética que ganaron nuestros antepasados.
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