En un deporte donde el error humano es parte del espectáculo, hay una proeza que representa la perfección absoluta. No depende de una gran ofensiva ni de un marcador abultado, sino del dominio total de un solo jugador desde el montículo. Suena sencillo en el papel, pero en la práctica es una de las metas más difíciles de alcanzar en el béisbol profesional.
¿Qué es exactamente un juego perfecto en béisbol?
Un juego perfecto ocurre cuando un lanzador —o un cuerpo de pitchers— retira a los 27 bateadores rivales sin permitir que ninguno llegue a base. No hay imparables, bases por bolas, golpes, errores defensivos ni corredores avanzando por fallas del rival. Cada out es limpio y sin margen de corrección.
¿Qué reglas deben cumplirse para que sea considerado perfecto?
Para que un juego sea reconocido oficialmente como perfecto, deben cumplirse varias condiciones estrictas:
- El partido debe tener al menos nueve entradas.
- Ningún bateador rival puede llegar a base por ningún medio.
- No se permiten errores defensivos ni interferencias.
- El juego debe completarse sin interrupciones que invaliden el registro.
Si un corredor llega a base, incluso por una jugada polémica o error del fildeo, la perfección se rompe de inmediato.
¿Por qué es tan raro lograr un juego perfecto?
La dificultad no radica solo en la calidad del lanzador. Influyen múltiples factores:
- La concentración durante más de dos horas.
- La presión que aumenta conforme avanza el partido.
- El nivel de los bateadores rivales.
- El respaldo defensivo impecable.
Un solo lanzamiento fuera de control o una mala lectura defensiva basta para arruinar la hazaña.
¿Cuántos juegos perfectos se han logrado en la historia?
A lo largo de más de un siglo de Grandes Ligas, solo se han registrado 24 juegos perfectos oficiales, una cifra mínima si se compara con los más de 230 mil partidos disputados. Esta estadística refuerza la idea de que presenciar uno es un evento extraordinario.
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