El Tren Maya, una de las obras de infraestructura más ambiciosas del país, vuelve a colocarse en el centro del debate público. Esta vez no por su impacto turístico o económico, sino por advertencias técnicas que ponen en duda su seguridad a largo plazo.
Especialistas en ingeniería civil y geología han señalado que uno de los tramos más delicados del proyecto, ubicado entre Cancún y Tulum, presenta condiciones naturales complejas que podrían representar un riesgo conforme aumente la exigencia operativa del sistema ferroviario.
El trazado contempla un viaducto elevado construido sobre suelo cárstico, una formación característica del sureste mexicano que se distingue por su alta porosidad, cavidades subterráneas y una constante interacción con corrientes de agua. Estas condiciones, explican expertos, requieren soluciones estructurales de alta precisión.
Aunque actualmente el servicio opera principalmente con transporte de pasajeros, el escenario podría cambiar. La eventual incorporación del transporte de carga implicaría un aumento considerable de peso y vibración, factores que, de no ser correctamente absorbidos por la estructura, podrían acelerar el desgaste de los cimientos.
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