La temporada de lluvias también puede convertirse en una oportunidad para los hogares que buscan ahorrar agua y adoptar hábitos más sostenibles.
La recolección de agua de lluvia consiste en captar el líquido que cae sobre techos, patios o superficies limpias, conducirlo mediante canaletas y almacenarlo en tambos, tinacos o cisternas cerradas.
De acuerdo con recomendaciones de autoridades ambientales y organismos especializados, este recurso puede utilizarse en actividades domésticas que no requieren agua potable, siempre que se mantenga limpio y protegido.
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¿Cómo se puede recolectar sin complicaciones?
El sistema más básico inicia con un techo en buen estado, canaletas limpias y una bajante dirigida hacia un contenedor con tapa. Para evitar hojas, polvo e insectos, se recomienda colocar una malla o filtro inicial y desechar los primeros minutos de lluvia, ya que suelen arrastrar residuos acumulados en las superficies.
También es importante que el depósito sea opaco o esté cubierto, pues así se reduce la aparición de algas y mosquitos.
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¿En qué tareas del hogar conviene usarla?
El agua de lluvia recolectada es útil para regar jardines, huertos urbanos y macetas, especialmente porque no contiene cloro como el agua de la red.
También puede emplearse para lavar patios, banquetas, herramientas de jardinería, bicicletas o autos. En viviendas con instalaciones adecuadas, incluso puede destinarse a la descarga de inodoros o al lavado de ropa, siempre que pase por filtros y no se mezcle con la red de agua potable.
Aunque es una alternativa práctica, el agua de lluvia no debe beberse ni usarse para cocinar sin tratamiento especializado.
Los contenedores deben lavarse con frecuencia, permanecer cerrados y revisarse después de cada tormenta. Con pequeños ajustes, captar lluvia permite aprovechar un recurso gratuito, disminuir el desperdicio y reservar el agua potable para lo verdaderamente indispensable.