Las investigaciones demuestran que cada vez más personas están volviéndose clínicamente adictas a los alimentos ultraprocesados que llenan los supermercados. Para ser diagnosticado, se deben cumplir los estrictos criterios de la Escala de Adicción a la Comida de Yale, comparables con los trastornos por consumo de alcohol o tabaco.
Diseñados para ser irresistibles
Ashley Gearhardt —especialista de la Universidad de Michigan—, explica que las corporaciones manipulan los niveles de azúcares, carbohidratos refinados, sal y grasas para crear un golpe hedónico perfecto. Al aportar combinaciones de almidones y harinas refinadas que se convierten rápido en glucosa, generan picos de azúcar seguidos de caídas drásticas que incitan a comer en exceso.
El peligro real para la salud mundial
Los científicos aclaran que la culpa radica en el suministro de alimentos y no en la fuerza de voluntad individual. Esta adicción es alarmante: consumir un 10 % más de estos productos al día eleva un 55 % el riesgo de obesidad, un 50 % las muertes cardiovasculares y aumenta la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, deterioro cognitivo y accidentes cerebrovasculares.
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