Un equipo internacional de investigadores de la Universidad Northwestern ha logrado resolver un enigma astronómico que desconcertó a la comunidad científica por más de 50 años. Utilizando los potentes telescopios de ALMA en Chile, los expertos detectaron una gigantesca cavidad en forma de cono en el centro de la Vía Láctea.
Esta colosal estructura carece por completo de gas molecular frío y su orientación apunta directamente hacia Sagitario A*, el agujero negro supermasivo central de nuestra galaxia. El hallazgo aporta la primera evidencia sólida de que este coloso cósmico expulsa potentes vientos espaciales que barren la materia circundante a velocidades cercanas a la de la luz. Gracias al análisis de radio y datos de rayos X de la NASA, se confirmó que este flujo energético ha permanecido activo por lo menos durante los últimos 20,000 años.