La mayoría de los cánceres de piel no duelen ni causan molestias, lo que vuelve vital la autoexploración regular. El Dr. Kelvin Allenson, oncólogo del Hospital Houston Methodist, advierte que detectar a tiempo cualquier sutil cambio en el cuerpo es la clave para salvar la vida.
El principal foco rojo es la aparición de una nueva lesión o el cambio en un lunar preexistente. Alertas graves incluyen llagas que no cicatrizan, sangran o forman costras, así como manchas rosadas o zonas oscurecidas.
En pieles oscuras, el riesgo suele esconderse en áreas poco expuestas al sol, como las palmas, plantas de los pies o mediante bandas pigmentadas bajo las uñas.
Se debe acudir al especialista si una mancha cambia, provoca comezón, sangra por sí sola o si una zona cicatriza y reaparece. Como el cáncer puede alojarse en lugares ocultos, los expertos recomiendan pedir ayuda a otra persona para revisar zonas difíciles como el cuero cabelludo y la espalda.
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