Aunque suelen cubrirse con fundas, las almohadas acumulan con el paso del tiempo sudor, células muertas de la piel, polvo y ácaros, elementos que pueden afectar la higiene del descanso e incluso provocar molestias en personas con alergias.
Expertos en limpieza recomiendan lavar las almohadas al menos cada tres o seis meses, dependiendo del material y del uso que tengan. Las fundas, por su parte, deben cambiarse con mayor frecuencia, idealmente una vez por semana.
No todas las almohadas se pueden lavar de la misma forma, por lo que es importante revisar las indicaciones del fabricante. Algunas pueden ir a la lavadora, mientras que otras requieren limpieza especial para evitar que pierdan su forma.
Mantenerlas limpias ayuda a prolongar su vida útil y permite tener un espacio de descanso más saludable. Además, se recomienda reemplazarlas después de algunos años, cuando comienzan a perder firmeza o acumulan demasiado desgaste.