Retrasar constantemente la necesidad de ir al baño puede parecer una práctica inofensiva, pero hacerlo de manera frecuente puede generar molestias y afectar el funcionamiento normal del organismo.
Cuando se retiene la orina durante largos periodos, la vejiga se mantiene llena por más tiempo, lo que puede aumentar el riesgo de infecciones urinarias y causar dolor o presión en la zona baja del abdomen.
En el caso de las evacuaciones, ignorar las ganas de ir al baño puede provocar que las heces se vuelvan más difíciles de expulsar, favoreciendo problemas como estreñimiento o molestias intestinales.
Aunque en ocasiones es inevitable esperar unos minutos, los especialistas recomiendan atender las señales del cuerpo y mantener hábitos saludables para evitar complicaciones.