Dormir una siesta puede ayudar a recuperar energía y mejorar el estado de alerta, pero su duración es un factor importante. Especialistas señalan que las siestas de alrededor de 20 minutos suelen ofrecer beneficios sin afectar el descanso nocturno, mientras que los periodos más prolongados podrían alterar el ritmo circadiano y asociarse con una peor calidad del sueño. Algunas investigaciones también han encontrado una relación entre las siestas excesivamente largas y un mayor riesgo de problemas cardiovasculares y metabólicos, aunque estos hallazgos dependen de diversos factores de salud y estilo de vida.