Aunque el frío del congelador tiene la capacidad de detener el crecimiento de bacterias, la carne no conserva su calidad de manera indefinida.
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Con el paso del tiempo, el agua y las grasas del alimento sufren un proceso de deterioro que termina afectando negativamente tanto su textura como su sabor.
Para evitar consumir un producto en mal estado, se detallan los tiempos máximos recomendados de congelación según el tipo de carne: la ternera puede mantenerse hasta por 12 meses y el pollo hasta por 9 meses, mientras que la carne molida es la más perecedera, con un límite de conservación de tan solo 3 a 4 meses.