Parecía un perro, vivía en el agua y tenía una característica tan extraña como inquietante: una mano humana en el extremo de la cola. En las historias de la mitología mexica, esta criatura era conocida como ahuízotl, un ser acuático que, según las antiguas creencias, acechaba en ríos y lagunas.
Su apariencia recordaba a la de un perro o una nutria, pero su cola escondía el rasgo que lo volvía temible. No era una extremidad común, sino una mano con la que, de acuerdo con las leyendas, podía atrapar a quienes se acercaban demasiado al agua.
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El ahuízotl: el enviado de Tláloc
Para los antiguos mexicas, el ahuízotl estaba vinculado con Tláloc, dios de la lluvia y de las aguas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Se le consideraba uno de sus enviados y se creía que habitaba en las profundidades, desde donde podía sorprender a sus víctimas.
La tradición cuenta que utilizaba la mano de su cola para sujetar a las personas y arrastrarlas bajo el agua hasta ahogarlas. Sus víctimas, según esta creencia, eran conducidas a la morada de Tláloc para convertirse en sus servidores.
La descripción del ahuízotl forma parte de la cosmovisión mexica, en la que los cuerpos de agua podían ser espacios de peligro, pero también lugares relacionados con lo sagrado.
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