¿Alguna vez te has preguntado por qué sientes tanta satisfacción al ver a alguien abrir un regalo que tú elegiste? No se trata solo de un intercambio material; según la neurociencia, es una experiencia emocional y biológica sumamente compleja. Cada vez que entregas un detalle, tu cerebro se enciende de una manera sorprendente.
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El “shot” de felicidad: Dopamina al máximo
Si creías que sólo quien recibe el paquete disfruta, ¡ojo! Cuando eliges un obsequio, se activa el estriado ventral, una región clave en nuestro sistema de recompensa. Este circuito libera dopamina, el mismo neurotransmisor que nos hace sentir placer al comer algo delicioso o escuchar nuestra canción favorita. En pocas palabras, el cerebro interpreta el acto de dar como una recompensa inmediata.
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Oxitocina: El pegamento de nuestras relaciones
Por otro lado, el momento de recibir activa la amígdala y el hipocampo, zonas ligadas a la emoción y la memoria. Aquí entra en juego la oxitocina, conocida como la “hormona del amor”. Esta sustancia es la encargada de fortalecer los lazos sociales y la confianza entre las personas. Por eso, los regalos con carga simbólica, como algo hecho a mano, se guardan en la memoria por años.