El temor a los tiburones suele estar influenciado por películas, programas de televisión y la cobertura de incidentes aislados, pero la evidencia científica indica que el riesgo de sufrir un ataque es mucho menor de lo que muchas personas imaginan. De acuerdo con estudios basados en el Archivo Internacional de Ataques de Tiburón (ISAF), las mordeduras no provocadas continúan siendo poco frecuentes, por lo que el peligro real para quienes disfrutan del mar permanece en niveles muy bajos. Además, los especialistas distinguen entre ataques no provocados y aquellos que ocurren cuando las personas interactúan deliberadamente con estos animales.
¿Por qué los ataques de tiburón parecen ser más comunes de lo que realmente son?
El informe más reciente del ISAF registró 65 mordeduras no provocadas en todo el mundo durante 2025, de las cuales nueve fueron mortales. Estas cifras son muy similares al promedio de los últimos cinco años, lo que demuestra que no existe un incremento significativo en este tipo de incidentes. Estados Unidos concentró el mayor número de casos, mientras que Australia registró la mayor cantidad de fallecimientos, principalmente entre surfistas. La presencia de más personas practicando actividades recreativas en zonas costeras explica buena parte de estos registros.
¿Qué provoca que un tiburón muerda a una persona si los humanos no forman parte de su dieta?
Los especialistas explican que los seres humanos no forman parte de la alimentación habitual de los tiburones, ya que estos se nutren principalmente de peces y otros animales marinos. La mayoría de las mordeduras ocurre por un error de identificación visual, especialmente en aguas turbias o durante el amanecer y el atardecer. En estas condiciones, el tiburón realiza una "mordedura de prueba" para identificar si aquello que encontró es una presa; al descubrir que no lo es, generalmente se aleja, razón por la que muchos incidentes no resultan fatales.
Para reducir aún más un riesgo que ya es considerado bajo, los expertos recomiendan nadar en grupo, permanecer cerca de la orilla, evitar ingresar al mar cuando hay poca visibilidad o el agua está muy revuelta y no utilizar joyería brillante, ya que sus reflejos pueden atraer la atención del animal. Estas medidas buscan disminuir las posibilidades de un encuentro inesperado y promover una convivencia más segura con la fauna marina.
Con información Yael Rodriguez.
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