México es un país altamente sísmico y septiembre se ha convertido en un mes que permanece en la memoria de millones de personas. Entre los movimientos que marcaron la historia reciente destacan dos que ocurrieron el mismo día, pero con cuatro años de diferencia: un 7 de septiembre de 2017 y otro de 2021.
La noche del 7 de septiembre de 2017, a las 23:49 horas, un terremoto de magnitud 8.2 tuvo su epicentro en el Golfo de Tehuantepec, aproximadamente a 140 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, Chiapas. El movimiento fue percibido en amplias zonas del centro y sur del país y provocó graves daños, especialmente en Oaxaca y Chiapas.
El saldo oficial de aquel desastre fue de 99 personas fallecidas, además de cientos de miles de damnificados y más de 112 mil viviendas afectadas. Juchitán, Oaxaca, fue una de las zonas que enfrentó algunas de las mayores afectaciones tras el terremoto.
¿Qué ocurrió cuatro años después?
La coincidencia volvió a estremecer a México el 7 de septiembre de 2021. Ese día, a las 20:47 horas, un sismo de magnitud 7.1 tuvo su epicentro aproximadamente a 14 kilómetros al suroeste de Acapulco, Guerrero. El movimiento provocó daños principalmente en Guerrero y fue seguido por miles de réplicas.
Aunque ambos terremotos ocurrieron en la misma fecha, especialistas han señalado que no existe una relación causal entre ellos. El Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) recuerda que los sismos no pueden predecirse y que tampoco ocurren por temporadas; la coincidencia de fechas es justamente eso, una coincidencia.
La historia de estos dos movimientos también sirve como recordatorio de la importancia de contar con un plan familiar de emergencia, identificar zonas seguras y participar en simulacros, especialmente en un país donde los sismos forman parte de su realidad cotidiana.
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