La televisión de finales del siglo pasado se caracterizaba por la espontaneidad y los retos fuera de lo común. En una época donde los límites eran difusos, algunos programas apostaban por espectáculos que hoy serían difíciles de imaginar en una transmisión en directo.
Durante una emisión especial de un programa veraniego de gran audiencia, la producción presentó a un invitado cuya fuerza física se convirtió en el centro de atención. Frente a cámaras y público, el hombre aseguró que podía destruir un automóvil utilizando únicamente un hacha, una promesa que de inmediato elevó la tensión en el estudio.
El vehículo, un coche viejo y siniestrado, fue colocado en el centro del escenario como parte del desafío. Sin demasiados preámbulos, el invitado tomó el hacha y comenzó a golpear distintas partes del automóvil, mientras los conductores observaban con asombro y cierta preocupación por lo que estaba ocurriendo en tiempo real.
Cada impacto deformaba la carrocería de forma evidente. El techo comenzó a hundirse, la lámina se retorcía y los cristales cedían ante la fuerza de los golpes. Aunque el automóvil no fue dividido literalmente en dos por razones de seguridad, el daño fue tan severo que el resultado dejó claro que el reto se había cumplido.
¿Cómo reaccionaron los conductores y el público en plena transmisión?
La reacción en el set fue inmediata. Entre risas nerviosas y comentarios de asombro, los presentadores intentaron controlar la situación mientras el público respondía con aplausos y gritos. La escena se convirtió en uno de esos momentos televisivos que, con el paso del tiempo, se transforman en referencia obligada cuando se habla de los excesos y la libertad creativa de aquella televisión.
Años después, el video continúa circulando en redes sociales, donde nuevas generaciones descubren un episodio que resume una etapa sin filtros, marcada por el espectáculo extremo y la sorpresa constante.
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