El uso intensivo de teléfonos móviles y plataformas digitales entre menores ha generado preocupación en el ámbito de la salud mental. Psicólogos y especialistas en educación reportan un incremento en la atención de niñas, niños y adolescentes con conductas asociadas al uso compulsivo de dispositivos.
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Entre las señales de alerta se encuentran la pérdida de control del tiempo de conexión, la dificultad para reducir el uso, la irritabilidad cuando no se tiene acceso al dispositivo y el impacto en actividades escolares o sociales. Estudios publicados en el Journal of the American Medical Association señalan que ciertos patrones, como utilizar el móvil para evadir problemas o pensar de forma constante en aplicaciones aun sin estar conectado, se relacionan con afectaciones en la salud mental. El análisis indica que los patrones adictivos pueden ser un indicador más relevante que el tiempo total frente a la pantalla.
Especialistas en psicología explican que el desarrollo de una adicción no responde a un plazo fijo, sino a factores individuales y contextuales. La edad influye debido a que estructuras cerebrales vinculadas con la toma de decisiones y el control de impulsos continúan en formación durante la infancia y la adolescencia. También inciden el entorno familiar, el uso que hacen los pares y rasgos de personalidad como la impulsividad.
En los últimos años se han presentado procesos judiciales en Estados Unidos contra empresas tecnológicas, en los que se debate el diseño de plataformas digitales y su potencial para fomentar conductas adictivas.
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Profesionales de la salud mental señalan que el abordaje puede incluir la reorganización del uso de dispositivos y la delimitación de funciones, además del acompañamiento familiar. Aunque el acceso a pantallas puede emplearse con fines educativos, el problema surge cuando se desplazan actividades cotidianas y se afectan otras áreas de la vida del menor.