El dolor en la rodilla es una molestia frecuente que puede aparecer por sobrecarga, movimientos repetitivos o lesiones. En muchos casos, mejora con reposo y cuidados básicos; sin embargo, existen señales que indican la necesidad de atención médica para descartar daños estructurales o procesos que requieren tratamiento específico.
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Es importante acudir a servicios de urgencias cuando el dolor aparece tras una lesión acompañada de un sonido perceptible en la articulación, cuando existe dificultad para mantenerse de pie o caminar, o si la rodilla presenta una alteración visible en su forma. La inflamación que surge de manera rápida, la imposibilidad de flexionar o extender la articulación y el dolor que no permite realizar movimientos básicos también son motivos para una evaluación inmediata. Estos signos pueden estar relacionados con fracturas, lesiones ligamentarias u otros compromisos articulares.
En otros casos, aunque no se trate de una urgencia, se recomienda programar una consulta médica si el dolor persiste durante varios días sin mejoría, incluso después de reposo y medidas básicas. También es relevante buscar valoración si hay limitación para mover la rodilla, sensación de inestabilidad al caminar o episodios en los que la articulación pierde firmeza. La presencia de fiebre, aumento de temperatura local, enrojecimiento o inflamación sostenida puede indicar un proceso infeccioso que debe ser atendido.
Cuando el dolor interfiere con actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o descansar por la noche, es una señal de que la articulación requiere revisión clínica. La atención oportuna permite identificar la causa del problema y establecer un manejo adecuado, lo que ayuda a prevenir complicaciones y a conservar la movilidad de la rodilla a largo plazo.
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Reconocer estas señales facilita la toma de decisiones sobre cuándo buscar atención médica y evita retrasos en el tratamiento de afecciones que pueden agravarse con el tiempo.