Una revisión científica publicada en la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition reunió más de 20 años de investigaciones centradas en los efectos del consumo de arándanos silvestres sobre la salud humana, con especial atención en indicadores cardiovasculares y metabólicos. El análisis integró resultados de ensayos clínicos, estudios mecanísticos y trabajos traslacionales realizados en distintos países.
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El trabajo surgió a partir de un simposio científico celebrado en Bar Harbor, Maine, organizado por la Asociación de Arándanos Silvestres de Norteamérica. En la revisión participaron doce especialistas de áreas como nutrición, fisiología, metabolismo, microbiología y salud cognitiva. El equipo evaluó de manera crítica 12 ensayos clínicos en humanos desarrollados durante un período de 24 años, además de múltiples estudios complementarios. Los autores aclararon que, si bien los viajes al encuentro fueron reembolsados, la elaboración del manuscrito no recibió financiamiento externo.
Uno de los hallazgos más consistentes estuvo vinculado con la función vascular. En diversos contextos clínicos, el consumo de arándanos silvestres se asoció con mejoras en la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse y responder a estímulos fisiológicos. En algunos estudios, estos efectos se observaron pocas horas después de una única ingesta, mientras que en otros se manifestaron tras semanas o meses de consumo sostenido.
La revisión amplió el enfoque tradicional de la salud cardiometabólica al incorporar variables relacionadas con el microbioma intestinal y el rendimiento cognitivo. Según los datos analizados, los polifenoles y la fibra presentes en los arándanos no se absorben en su totalidad en el intestino delgado. Una proporción significativa alcanza el colon, donde la microbiota los transforma en metabolitos que pueden ingresar al torrente sanguíneo. En algunos casos, estos compuestos representaron hasta el 40 % de los polifenoles detectados en sangre tras la ingesta.
Un estudio clínico de seis semanas mostró que adultos que consumieron diariamente polvo de arándano silvestre liofilizado presentaron un aumento de bacterias del género Bifidobacterium. Los autores señalaron que el microbioma desempeñó un papel relevante en los efectos observados, aunque indicaron la necesidad de estudios adicionales para comprender mejor las diferencias individuales de respuesta.
En poblaciones con mayor riesgo cardiometabólico, algunos ensayos registraron descensos en la presión arterial, mejoras en el control de la glucosa y reducciones en el colesterol total, el colesterol LDL y los triglicéridos tras períodos prolongados de consumo. En adultos mayores, se observaron cambios en la velocidad de procesamiento mental y en distintos aspectos de la memoria, asociados a una mejor circulación y a otros marcadores metabólicos.
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La revisión concluyó que los arándanos silvestres no actúan a través de un único mecanismo, sino mediante la activación simultánea de distintas vías biológicas, entre ellas la señalización del óxido nítrico, la modulación de procesos inflamatorios y la reducción del estrés oxidativo. Según los investigadores, esta interacción explica la variabilidad de los efectos entre individuos y entre distintos marcadores de salud.