El jengibre y la cúrcuma forman parte de distintas tradiciones culinarias y medicinales. A lo largo del tiempo, se les han atribuido efectos relacionados con la digestión, la inflamación y la protección frente a diversas enfermedades. En años recientes, la investigación científica ha evaluado estos supuestos beneficios para determinar su alcance y sus límites.
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Desde el punto de vista botánico, las especias corresponden a partes de plantas que concentran compuestos aromáticos. Estas moléculas cumplen funciones defensivas frente a microorganismos e insectos. En el caso del jengibre, originario del sur de Asia, se han identificado sustancias como gingeroles, shogaoles y zingerona, además de compuestos aromáticos como zingibereno, linalol y geraniol. Diversos estudios han analizado su posible acción antioxidante, antiinflamatoria y antimicrobiana.
Un metaanálisis elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de Seúl revisó más de cien publicaciones sobre el consumo de jengibre. Los resultados señalan posibles efectos en la reducción de náuseas y vómitos, así como mejoras en algunos marcadores relacionados con inflamación y función gastrointestinal. Sin embargo, los autores advierten que los estudios presentan diferencias en las dosis empleadas y, en varios casos, tamaños de muestra reducidos o ausencia de grupo control. Estas limitaciones dificultan establecer conclusiones definitivas.
La cúrcuma, también originaria de Asia, contiene compuestos como curcumina y turmeronas. Se consume fresca o en polvo y se ha investigado por su posible relación con la salud cardiovascular y procesos neurodegenerativos. Algunos trabajos han observado cambios en el perfil lipídico de personas con trastornos metabólicos tras su consumo. No obstante, al igual que con el jengibre, los estudios disponibles presentan variaciones en diseño experimental y cantidad administrada.
La investigación en nutrición enfrenta desafíos metodológicos, entre ellos el control de variables externas y el seguimiento prolongado de los participantes. Además, no se han establecido con precisión las dosis necesarias ni el tiempo de consumo para obtener efectos específicos. También debe considerarse que concentraciones elevadas de determinados compuestos pueden generar efectos adversos.
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El uso culinario de estas especias forma parte de diversas culturas. Desde el ámbito científico, la evidencia sugiere posibles efectos, pero aún se requieren estudios con mayor número de participantes y protocolos estandarizados para confirmar su impacto en la salud.